En los tiempos que corren, cuando hablamos sobre temas económicos son muchas las palabras que nacen y se instalan ya en nuestro vocabulario cotidiano. Si a esto le añadimos lo intenso que es este fenómeno en sectores como ése o el sanitario, la consecuencia directa es la constante aparición en estos campos de términos (mayoritariamente de origen anglosajón) que es necesario conocer y manejar para estar al día en estos temas.

Uno de los que más frecuentemente escuchamos es el de Big Data. Esta expresión hace referencia a la gestión y análisis de datos de volumen tan grande que no pueden tratados con los métodos normales, debido a que superan los límites y las capacidades de las herramientas de software que suelen usarse para la captura, la gestión y el procesamiento de datos. El término abarca también todo tipo de infraestructuras, tecnologías y servicios cuya misión es procesar estos enormes conjuntos de datos, que a su vez pueden estar estructurados, no estructurados o semi-estructurados.

El objetivo principal de Big Data, más allá del mero almacenamiento de estas grandísimas cantidades de datos, pasa por el tratamiento de esta información. Se trata entonces de sacarle el máximo partido a estos datos y hacer que sean lo más útiles posible con vistas a una posterior toma de decisiones, así como para conocer más en profundidad el perfil, las necesidades y las demandas del público.

Analizando estas características y trasladándolas al sector sanitario, es fácil deducir la gran cantidad de beneficios que puede conllevar la aplicación de Big Data al ámbito de la salud. De hecho, la opinión generalizada pasa por el hecho de que es precisamente en este campo donde más útil puede resultar esa capacidad de almacenamiento y gestión de grandes cantidades de datos. La investigación y los tratamientos médicos se pueden ver muy favorecidos de ello si son capaces de orientar de forma eficaz su uso hacia la búsqueda de causas de enfermedades o de grupos de población más propensos a padecerlas, por poner dos ejemplos.

Una vez que se han analizado estos datos gracias a las técnicas de Big Data, será posible sacar conclusiones mucho más certeras y ponerse manos a la obra para predecir y prevenir patologías o para dar a los que ya están enfermos un tratamiento personalizado que no podría ofrecerse sin contar con estas herramientas. Incluso pensando a mayor escala, podrán hacerse estudios que nos cuenten por dónde se está extendiendo una enfermedad determinada y a qué velocidad lo hace.

Como vemos, sólo hay que conocer un poco las características del famoso Big Data para entender por qué está considerado ya en muchos círculos como “el futuro de la sanidad mundial”.

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